La presidenta Claudia Sheinbaum dejó claro, sin rodeos ni diplomacia, su postura ante el libro “Ni Venganza Ni Perdón” de Julio Scherer García: no lo ha leído, no lo leerá y, en su opinión, no tendrá impacto significativo más allá del “círculo rojo” y la red X. La declaración, hecha en la conferencia matutina, resume en pocas palabras la lógica política que ha sostenido al movimiento de transformación desde sus orígenes: la consecuencia hasta el final.
Sheinbaum reconoció que la crítica y la autocrítica son valiosas, pero inmediatamente subrayó que formar parte de este proyecto exige coherencia de por vida. Recordó la frase recurrente del expresidente López Obrador: Las personas se valoran por lo que hacen al final de su trayectoria.
Puso como ejemplo a Jacobo Zabludovsky, quien tras décadas en Televisa dio un giro crítico al cierre de su carrera. El mensaje es inequívoco: quien estuvo en las entrañas del poder y ahora publica revelaciones incómodas sobre el gobierno anterior, pero sin mantener la misma línea de confrontación con el actual, pierde legitimidad ante el movimiento.
La mandataria cuestionó las fuentes de las denuncias del libro y el contexto en el que se escribe, sugiriendo que el texto responde más a dinámicas del “círculo rojo” que a una verdadera contribución al debate público.
Para Sheinbaum, el verdadero termómetro no está en las redes sociales ni en las élites informativas, sino en la ciudadanía que ha sentido en su vida cotidiana los cambios impulsados por la transformación. “La gente sabe lo que representa”, afirmó, y descartó cualquier efecto en la percepción popular: “No, nada”.
La respuesta presidencial no es solo una descalificación personal o un rechazo a la lectura. Es una línea ideológica clara: el movimiento no se construye con arrepentimientos tardíos ni con publicaciones que buscan ruido en minorías privilegiadas, sino con consecuencia, lealtad al pueblo que lo llevó al poder y resultados tangibles.
Si hay denuncias graves, que se presenten formalmente; si hay autocrítica, que sea coherente con toda una trayectoria, no un epílogo conveniente.
En tiempos donde algunos exfuncionarios o intelectuales cercanos al poder anterior buscan reposicionarse mediante libros de memorias o revelaciones, la presidenta envía un mensaje directo:
El movimiento de transformación no necesita ni acepta lecciones de quienes cambian de bando al final del camino. La ciudadanía, según Sheinbaum, ya decidió hace tiempo de qué lado está y qué valora realmente.
El libro de Scherer podrá generar titulares y tuits, pero para la presidencia no mueve ni un voto. Y esa, precisamente, es la fuerza que el oficialismo reivindica: no depende de la opinión del “círculo rojo”, sino del respaldo popular que se construye con hechos, no con páginas.

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